¿Qué es la adolescencia?
La adolescencia es la transformación del infante antes de llegar a la adultez. Se trata de un cambio de cuerpo y mente, pero que no solo acontece en el propio adolescente, sino que también se conjuga su entorno.
¿Qué son los duelos?
El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier perdida
En la modernidad se aspiraba a ser adulto, aun teniendo nostalgia de la niñez que se veía como una época dorada sin responsabilidades y con ayuda de los padres hacia que enfrentarse a la vida adulta fuera tarea más fácil. El perfil del adolescente era de un sujeto inseguro, introvertido, en busca de su identidad, que vivía una crisis, rebelde dentro del marco social y angustiado por el fin de la infancia.
Tenían padres con los cuales entraban en conflicto, por la brecha generacional. El padre era un frontón donde el adolescente practicaba sus golpes, se revelaba y lo confrontaba. Arminda Aberastury, psicoanalítica argentina, proponía 3 duelos que debía superar el adolescente.
Estos duelos son: a) el duelo por el cuerpo infantil, b) el duelo por el rol y la identidad infantil, y c) el duelo por los padres de la infancia.
Las Etapas del duelo
Los procesos que se suceden en el duelo se han dividido en tres etapas
1) La negación, mecanismo por el cual el sujeto rechaza la idea de pérdida, muestra incredulidad, siente ira.
2) La resignación, en la cual se admite la pérdida y sobreviene como afecto la pena.
3) El desapego, en la que se renuncia al objeto y se produce la adaptación a la vida sin él. Esta última etapa permite el apego a nuevos objetos.
DUELO POR EL CUERPO INFANTIL
Debido a los cambios a nivel corporal que sufría el adolescente.
Consiste en ir aceptando las modificaciones biológicas, ante las cuales siente impotencia, ya que no puede hacer nada para frenar estos cambios. Esto se refleja en cierta rebeldía en la esfera del pensamiento. Así siente un fenómeno de des personificación, se halla incómodo con su cuerpo, como torpe, tira y rompe todo.
DUELO POR LOS PADRES DE LA INFANCIA:
El adolescente empieza a separarse de sus padres. Lo que marcará el "fin de la relación de dependencia" que mantenía con ellos. Es más que obvio que sigue dependiendo de ellos, no sólo económicamente, sino sentimentalmente, ya que necesitan de la comprensión y la aprobación de éstos (sentirse aceptado). Además tiene la necesidad de una identidad fuera de la familia, aunque inconscientemente, también se siente parte de ella. Es una contradicción más de las muchas que caracterizan esta etapa.
Comienzan a entender que no eran esas figuras protectoras o héroes que veían en la infancia, aceptar sus debilidades y su envejecimiento.
DUELO POR EL ROL Y POR LA IDENTIDAD INFANTIL
Aceptar responsabilidades e independencia. La transición por la búsqueda de la identidad adulta le provocaba no tener una identidad clara.
No se da cuenta de cómo debe actuar, ya que no es un niño pero tampoco un adulto. Tiene un manejo omnipotente de la irresponsabilidad, y son otros lo que se hacen cargo por él del principio de realidad. Ya que éste no se hace cargo de sus actos y las consecuencias de ellos.
Arminda añade un cuarto duelo al cual no la tanta importancia que es el de la perdida de la bisexualidad infantil que tiene que ver con la identidad sexual que se desarrolla en la adolescencia.
En la posmodernidad (actualidad) los adolescentes ocupan un importante espacio: Los mercados, medios de comunicación y son las principales víctimas de los problemas sociales como el sida, la droga o la violencia.
Aparece un modelo de adolescente avalado por los medios, diferente al de la modernidad. Ya no es una etapa de transición hacia la vida adulta sino que es una etapa en donde hay que instalarse como se puede (dietas, cirugías, implantes, moda) no solo por el cuerpo sino también el estilo de vida la música, jerga y boliches de adolescentes.
Ha desaparecido la individualidad y el estilo personal dando lugar a una práctica casi universal que es el "pastiche"---) Es una idea de plagio que no tiene auto entidad, es imitar sin saber por qué.
Hay una indiferencia y una incomunicación. No se rebelan contra sus padres porque no los ven muy diferente a ellos.
Por esto, Guillermo Obiols y Silvia di Segni de Obiols se preguntan si realmente se dan los duelos en la postmodernidad.
En en el caso del duelo por el cuerpo perdido el adolescente posmoderno deja el cuerpo infantil y pasa a tener un cuerpo declarado ideal socialmente, es el cuerpo que todos desean tener. No habría idea neta de duelo, de sufrir perdida alguna.
Es cierto que aún hoy nadie postula como admirable la cara
cubierta de acné ni los largos brazos o piernas alterando las proporciones, pero también es cierto que la
mirada que cae hoy en día sobre el adolescente es muy diferente. Su cuerpo ha pasado a idealizarse ya
que constituye el momento en el cual se logra cierta perfección que habrá que mantener todo el tiempo
posible. Modelos de 12, 14 ó 15 años muestran el ideal de la piel fresca, sin marcas, el cabello
abundante y brillante, un cuerpo fuerte pero magro, tostado al sol, ágil, en gran estado atlético, en la
plenitud sexual, un modelo actual que no responde al ideal infantil ni adulto típico de la modernidad.
Si, clásicamente, la juventud fue un "divino tesoro" porque duraba poco, ahora se intenta conservar ese
tesoro el mayor tiempo posible. Mucha ciencia y mucha tecnología apuntan sus cañones sobre este
objetivo.
Cirugía plástica, regímenes adelgazantes y conservadores de la salud, técnicas gimnásticas,
transplantes de cabello, lentes de contacto, masajes e incluso técnicas que desde lo psíquico prometen
mantenerse joven en cuerpo y alma.
Cuando la técnica no puede más, el cuerpo cae abruptamente de la adolescencia, supuestamente
eterna, en la vejez sin solución de continuidad. Cae en la vergüenza, en la decadencia, en el fracaso de
un ideal de eternidad. Podemos entonces preguntarnos: ¿qué ha pasado con el duelo por el cuerpo de la
infancia que hacía el adolescente moderno, adolescente que sólo era un pasaje desde la niñez aun ideal
adulto? El adolescente posmoderno deja el cuerpo de la niñez pero para ingresar de por sí en un estado
socialmente declarado ideal. Pasa a ser poseedor del cuerpo que hay que tener, que sus padres (¿y
abuelos?) desean mantener, es dueño de un tesoro.
En el duelo por los padres de la infancia el niño no incorporo una imagen diferenciada de sus padres, así que cuando llega a la adolescencia se encuentra con alguien que tiene sus mismas dudas y no tiene valores claros, está más cerca que nunca de sus padres.
Si recibieron pautas rígidas de conducta,
comunes por entonces a toda una generación, al educar a sus hijos renuncian a ellas, pero no generan
otras nuevas muy claras, o por la menos cada pareja de padres improvisa, en la medida en que la
necesidad la impone, alguna pauta, a veces tardíamente. Si fueron considerados por sus padres
incapaces de pensar y tomar decisiones, ellos han pasado a creer que la verdadera sabiduría está en sus
hijos sin necesidad de agregados, y que su tarea es dejar que la creatividad y el saber surjan sin
interferencias.
Si sus padres fueron distantes, ellos borran la distancia y se declaran compinches de sus
hijos, intercambiando confidencias
El duelo por el rol y la identidad infantil, llegados a este punto parece imprescindible diferenciar dos conceptos psicoanalíticos que suelen
confundirse: el de yo ideal y el de ideal del yo.
Si pensamos cuáles son los valores que lo identifican, el yo ideal es: omnipotente (el delirio de
grandeza mencionado por Freud), no puede esperar para satisfacer sus deseos y no es capaz de
considerar a otro
Los padres primero y los maestros después tienen la difícil tarea de provocar la introyección de
otra estructura, el ideal del yo. Este aspecto del superyo es un modelo ideal producido por los mayores
para él, es el modelo de niño que los demás esperan que sea. Si el yo ideal es lo que él desea ser, el
ideal del yo es lo que debe ser y a quien le cuesta muy a menudo parecerse. Ese ideal del yo también
manifiesta sus propios valores: esfuerzo, reconocimiento y consideración hacia el otro, así como
postergación de los logros. Tradicionalmente este trípode ha sido la base de la educación preescolar.
¿Qué ocurre con el adolescente? En esa época de la vida se termina de consolidar el ideal del yo,
para ello confluyen los padres, los docentes y la sociedad en su conjunto.
Pero ¿qué ocurrirá si la
sociedad no mantiene los valores del ideal del yo, si en cambio pone al nivel de modelo los valores del
yo ideal?
Pensemos en lo que los medios difunden constantemente: aprendizaje, dietas, gimnasia sin el
menor esfuerzo; tarjetas de crédito, facilidades, compra telefónica para no postergar ningún deseo,
artículos únicos, lugares exclusivos, competencia laboral que significa eliminar al otro. Estos son los
valores del o ideal que en otras épocas podían que en la fantasía pero no ser consagrados socialmente.
La sociedad moderna consagraba los valores de un ideal del yo: la idea de progreso en base al
esfuerzo, el amor como consideración hacia el otro, capacidad de espera para lograr lo deseado. Sin
duda los valores del yo ideal también existían pero eran inadmisibles para ser propagados socialmente.
En la sociedad posmoderna los medios divulgan justamente los valores del yo ideal, es decir que allí
donde estaba el ideal del yo está el yo ideal y hay que atenerse a las consecuencias.
La realidad es que actualmente se divulgan los valores del ideal del yo: gimnasia y aprendizaje sin esfuerzo, tarjetas para no postergar logros y competencia laborar que no considera al otro.
Según los Obiols, no se dan los duelos porque no solo no se abandonan los valores primitivos de la infancia sino que se sostienen socialmente.






